Dinamita de la auténtica para inaugurar el TNT

Títol: 4
Text, espai escènic i posada en escena: Rodrigo García
Intèrprets: Gonzalo Cunill, Núria LloansiJuan Loriente, Juan Navarro, quatre galls i dues nenes. 
Dia i lloc: 29 de setembre. Espectacle inaugural. Festival TNT

cumbia

Todavía estás en forma hijo de puta y Qué coño estoy haciendo bailando en un escenario esta música de mierda. No. No son títulos de obras de Rodrigo García. Eran las dos frases que asaltaron mi cerebro mientras intentaba seguir al ritmo de “caderitas, caderitas” que marcaba Juan Navarro. Sí, el héroe fondón de la cumbia y el desparpajo me invitó a salir, en “4”, el título más corto de la carrera de García y que ha inaugurado el Festival TNT de este año. Pieza digna de este festival que avanza a paso seguro, apto tanto para los fieles de la escena de riesgo, como para público curioso que se deja llevar. 
A mi lado, una adolescente con cara asustada me preguntó si yo era bailarina (¡!) y si tendríamos que hacer más cosas. Me miró aliviada al responderle que ni idea de baile y que seguramente nos dejarían ir pronto y sin más, porque en las obras de este director era la primera vez que veía subir un grupo tan numeroso de público al escenario.

Solamente se quedó un elegido para protagonizar con Nuria Lloansi una escena de dudosa espontaneidad, parecida al First Dates televisivo pero dentro de un saco de dormir desde donde pajearse mejor. A estas alturas del espectáculo el sexo ya había hecho acto de presencia en forma de coño de Courbet a pantalla gigante en sincronía con el tenis como efecto sonoro. Qué grande era John McEnroe. El director también nos había tomado ya el pulso del aburrimiento alargando innecesariamente la escena.

La brevedad del título y el contacto con el espectador no eclipsan la esencia del lenguaje escénico marca de la casa. Un Rodrigo es un Rodrigo… y estos intérpretes habituales de La Carnicería, y sus animales. Encantadores gallos en zapatillas de deporte que incomodaron a más de una espectadora de primera fila, especialmente un rebelde que tenía ganas de juerga. Amos y señores de la escena, siempre bien conducidos por Juan Loriente, el domador de toda clase de bichos ya desde los conejos de After Sun. También aparece un lobo feroz de piel disecada, otra vez Loriente bordándolo, y unos asquerosos gusanos que resultan indigestos para unas plantas carnívoras que, a gran pantalla, es uno de los momentos más desagradables del espectáculo.

Pasan los años y, qué bien, el repelús se mantiene intacto. En “4” el momento que me resultó casi nauseabundo, como siempre en García, estuvo protagonizado por la especie humana. Superada ya la etapa de crítica al consumismo, por ejemplo en Compré una pala en Ikea para cavar mi tumba, el autor focaliza en la cosificación de dos niñas, mostrándolas vestidas, maquilladas y peinadas al estilo de los concursos de belleza encabezados por el imperio americano, pero que perfectamente pueden vivir en el lejano oriente como pequeñas geishas aguantando el rollo de un samurái decadente, magnífico monólogo de Gonzalo Cunill que también deja rastro del humor negro del autor.

4-savon-marseille

Uno de los aspectos que más me engancha de este creador es su conocimiento del sistema comunicativo aplicado a lo escénico, con la consciente habilidad de llevar al público donde quiere como cuando era creativo publicitario. En esta obra los medios convencionales ya no despiertan su interés porque ha entendido claramente que vivimos en la era de la postimagen. Así, abre el espectáculo una tela de araña humana que se enmaraña tanto como internet, la fragmentación y desconexión de las escenas es más intencionada, fruto de una sociedad sometida a la tiranía del clic y la desconcentración permanente. De ahí también que defienda sin tapujos los videojuegos y el youtube, y renuncie explícitamente a la cultura en mayúsculas menospreciando a grandes autores.

Descarado juego irónico que, en realidad, por su parte es falso. La escena más bella plásticamente, frágil emocionalmente y libre físicamente se eleva a ritmo de la 4ª sinfonía de Beethoven compartida por Juan Navarro y Núria Lloansi en un gigantesco jabón de Marsella del cual nos llegaba el inconfundible aroma a limpio.

“4” es imagen, objetos, sonido, palabra atropellada de un Rodrigo García de espacio amplio que sigue buscando y, a la vez, reinterpretando su inconfundible universo nihilista: “toda la magia siempre está fuera de casa”.

 

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